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martes, 14 de enero de 2014

La estatua sola.

El archipiélago es enorme, salpicado de pequeñas e incontables islas arenosas, de las cuales ya conozco bien un centenar gracias a mis exploraciones en busca de refugio, agua y alimento; pero hasta ahora no había notado que en una de ellas se erguía, al ras del horizonte azul, la presencia de una gigantesca silueta humana. -¿Era una estatua?, ¿Quién la trajo?- Continué nadando, y cuando me acerqué a la costa y pude pisar tierra firme, me di cuenta que la figura no había sido esculpida por el hombre, que era solo obra de la naturaleza: trabajo de la erosión y el paso del tiempo... Ahí estaba esa roca que, como un centinela, me observaba desde lejos con expresiva curiosidad.

Caminé sobre la arena blanca hacia el centro de la isla, donde la solitaria piedra imprimía la certeza de vigilarlo todo y sonreír... La distancia para llegar nadando hasta la isla había sido agotadora, y a causa de ello, caí de rodillas cuando me venció el cansancio. Al intentar ponerme de pie oí una voz estruendosa que me hablaba:

— Hola. — Con un gran esfuerzo levanté mi cabeza y miré hacia arriba; luego, grité una pregunta al pétreo ser que me saludaba:

— ¿Qué haces aquí? — Y la roca contestó:

— Te estoy esperando, bienvenido. — Su superficie estaba perlada de gotas de rocío que brillaban al sol y se condensaban en un cuenco natural. ¡Por fin, agua para beber! ¡Mucha agua!

— ¿Eres un dios? — Quise saber, y el guardia de piedra guiñó y me respondió en tono compasivo:

— Soy un dios no vivo y no creador. Puedes rendirme culto si lo deseas, así tal vez te sientas mejor y descanses. — Entonces, decidí que la piedra vigilante debía estar en lo correcto y le dije de buena gana:

— Claro, mientras yo viva aquí, perdido en el océano, y quizás también después, cuando me encuentré lejos de este laberinto, tú serás uno de mis dioses favoritos.

miércoles, 30 de enero de 2013

El libro fantasma



Dormiría tranquilo por las noches si no hubiera visitado la librería de los gitanos, aquella que vino a la ciudad justo antes del tiempo de lluvias del presente año. He aquí la historia:

 Paseaba entre las mesas repletas de volúmenes de dudosa procedencia, de hecho algunos libros tenían sellos de bibliotecas públicas; otros, eran burdas falsificaciones. Como todo esto resultaba muy pintoresco para mí, decidí conservar los detalles en mi memoria a través de una cámara fotográfica. Y de esta manera andube un par de horas hojeando grimorios y tomando fotos, hasta que llamó mi atención una portada extraña: era un empastado con piel... era una cara, ¿cara libro? De momento, no me atreví a tocarlo, pero minutos despues me armé de valor, lo tomé en mis manos y lo abrí para conocer su contenido. A mi mente abordaron recuerdos, o tal vez, imágenes procedentes de una vida pasada:

Leía, a la luz de una vela, una traducción latina del Al Azif, volumen escrito por el poeta loco Abdul Alhazred en el año 730 de la era cristiana . En el año 950 el libro fue traducido del árabe al griego por Theodorus Philetas con el nombre de Necronomicón , que significa "Las leyes de los muertos" y posteriormente en el año 1228, Olaus Wormius lo tradujo al latín. De cualquier manera, el Papa Gregorio IX mandó destruir todas las versiones en 1232, aunque todavía a mediados del siglo XVII existían algunas copias en España y Alemania.

En mi ensoñación, memorizaba los pasajes escritos en latín donde se describía el paso y evolución de poderosos seres venidos de los mundos que están más allá de la gélida oscuridad que rodea a las estrellas del firmamento ...

La puerta de madera estalló convertida en astillas, y unos hombres vestidos de metal y con espadas en mano irrumpieron en la habitación. Casi en el mismo instante, un viento o fuerza magnética me arrastró hacia la ventana abierta, y desaparecí en el aire, luego en la nada.

Me encontré de vuelta en la librería de los gitanos, pero el Necronomicón se había esfumado de mis manos, y al preguntar al encargado por el libro, el hombre juró nunca haberlo tenido siquiera en existencias.

Una vez que llegué a mi casa, revisé la cámara y el libro fantasma estaba ahí retratado, había una portada y un fragmento de texto, los cuales publiqué en internet, en una red social. A los pocos días, varios amigos me avisaron que sucesos extraños acontecían cuando miraban la imagen de la foto y leían la frase que transcribí: Ph’nglui mglw’nafh Cthulhu R’lyeh wgah’nagl fhtagn. Mencionaban todos ellos que aparecía una sombra invisible reptando por el techo y las paredes, y luego se desvanecía.

sábado, 3 de septiembre de 2011

El sustituto

"El Viajero Oscuro no vino en esta ocasión a posar para mí, envió a un asistente en lugar suyo. Sí, es cierto, ambos seres son idénticos, como sí fueran gemelos o clones. Sí, los dos tienen apéndices con ventosas - porque muy probablemente desciendan de entidades marinas - y los dos poseen monstruosos ojos compuestos en los que se congelaron imágenes vistas en otros mundos; sí, la bestia del abismo que me gusta plasmar en mis lienzos sigue ahí, inalterada, sin embargo, la sombra que el sustituto proyecta en mi mente es distinta a la que su amo solía reflejar; no tengo duda, ahora que conozco a dos especímenes de la misma raza, sé que el que está frente a mí considera que soy su cena, y por eso babea. Debo" (sic).

Nota.
El manuscrito se interrumpe y no continúa.

domingo, 10 de octubre de 2010

La carta por encargo.

Cuento corto.
Saludos. Es evidente que la crítica es el fundamento activo de la literatura bloguera, sobre todo, de aquella dirigida contra la humanidad de equis individuo... Sí, tal concepto es dinámicamente perfecto: Apatiñar al patiño, ya sea a espaldas de este, o de frente, da igual. La verdad, si yo fuera criticado como escritor de blogs o libros no sabría que contestar, tal vez me quedaría callado. - La calidad es lo que cuenta -, pensaría, y luego, quizás, prometería a esa gente : - Voy a darle gusto a todos, se los juro -, y ocultaría que me volví insensible a cualquier opinión sobre mi trabajo desde... una tarde de invierno... la tarde en que se acercó a mí aquella persona sin nombre.

Siempre he dicho a los que me pagan por escribir que las letras son mi oficio, pero acá entre nos, yo no soy escritor de verdad, yo nomás escribo lo que pienso, y luego, pienso mucho en eso que escribo. Y así, en ocasiones, me ocupo en redactar rarezas como aquella carta suicida que me encargó escribir un extraño, vaya, les juro que nomás lo conocí de vista.
Me alentaba a inventar las causas por las que él decidía  irse al más allá,  - Vierte tu imaginación, mira mi cara e improvisa -. Minutos más tarde dio la media vuelta y salió a la calle...
A la hora convenida regresó y le entregé su documento, el señor leyó algunas líneas: He decidido dejar este mundo porque me fastidia saber que solamente he amado a una persona en la vida: a Dios,  y fue hace mucho,  por lo tanto... - Dejó de leer, soltó la hoja sobre la mesa y volteó a verme directo a los ojos, luego se quejó amargamente de mi estilo:

- ¿Sabes qué?, después de leer el bodrio que redactaste ya no se me antoja darme en la madre. Ya ni friegas: ¡Nada es original! ¡Qué pinche ortografía! ¡Acá hay un callejón! Deveras, ya ni la amuelas, mira: ¡casi rimas melón con pelón! - Minutos después del berrinche y segundos después de poner en mi escritorio un par de billetes, el extraño desapareció de la habitación dejando en el aire un misterioso hedor a azufre y ozono
.

Por un tiempo, dejé de ver al diablo en la ciudad... y desde que regresó no ha vuelto a buscarme, quizás, porque decidió siempre no abandonar este planeta, o porqué no conseguí redactar para él la carta perfecta.

martes, 27 de octubre de 2009

En el horizonte

Un extraño sueño. Vago en las calles de una metrópoli, puede ser en un país latino, tal vez México. Pregunto a la gente por el nombre completo de la ciudad, tal vez me digan algo relevante, después, pregunto la fecha. No entiendo lo que hablan, aunque sé que es español, el contacto es muy intermitente. Percibo un temblor en la tierra, y en el oriente, muy a lo lejos, una ola negra y silenciosa avanza en dirección poniente, ha de tener kilómetros de altura. Luego el fondo del horizonte adquiere un tinte azafrán y se pueden observar tiras de humo negro muy atrás de la zona del crepúsculo; más allá todavía, perceptible apenas, transfigurada por la curvatura de la tierra, se levanta una gigantesca nube en forma de campana. Corro en la dirección contraria al acontecimiento, buscando la parte alta de la ciudad, a sabiendas de que en pocos segundos la monstruosa ola alcanzará a todos los que estamos en esta urbe. Enormes cantidades de agua surgen entre los picos de las montañas al sur, pero continúo corriendo hacía los montes situados en la dirección oeste. Un par de segundos después, mi esperanza de salvación se desvanece con la vista del estruendoso torrente que ya viene bajando por las faldas de los cerros que pretendía tomar por refugio. Una máquina anaranjada, tal vez una excavadora o una escalera de avión de pasajeros, es golpeada por el agua. Fin de sueño.

miércoles, 6 de agosto de 2008

El viaje

No tengo recuerdos precisos de ninguna cosa...¿dónde estoy? No siento el cuerpo ni puedo percibir nada en absoluto, como si mis sentidos hubieran sido anulados: nada aroma, nada colores; ni siquiera el sentido de localización de mi cuerpo, ¿estoy parado, acostado o sentado? quizás estoy de cabeza como los murciélagos... no podría decirlo. Un momento...¿Qué es ese zumbido? parece venir de cualquier dirección...suena tan...imaginario, irreal...he de haberme vuelto loco...¿quién soy? ¿Cómo llegué aquí? Tengo la certeza de un viaje, sí, estoy realizando un viaje...¿porqué?
De pronto, una luz ha aparecido iluminando en la oscuridad, es la visión panorámica del espacio infinito tachonado de millones y millones de brillantes estrellas y soles, que como granos de sal sobre un terciopelo negro, se deslizan por la curva del tiempo... Estoy atravesando el universo dentro de un diminuto cilindro de metal... Pregunto a una presencia invisible qué está pasando conmigo y ésta responde que la materia de mi cuerpo fue condensada -para poderme transportar en sus vehículos- y debido a ello, la mayor parte de mis procesos mentales no funcionan completamente, pero tal molestia no debe preocuparme en absoluto, pues al llegar a mi destino, me someterán a descompresión y volveré a la normalidad.
Aún tengo curiosidad...¿En qué formato estaré comprimido? ¿en ZIP o en RAR?

jueves, 21 de febrero de 2008

Enseguida, inalámbrico, vuelvo.

Edificio de Telmex en Guadalajara, Jalisco. México.

" Y entonces, me acerqué a la ventana y por fin comprendí que sería imposible escapar del llamado del gran ser..."

sábado, 1 de septiembre de 2007

Miré un pterodáctilo en la azotea.

A veces uno camina por las calles sin mirar hacia arriba; cuántas veces pensamos que aquel era un callejón desierto, hasta que no nos dimos cuenta que en las plantas altas había balcones y escaleras, desde donde, curiosos, los habitantes de ese universo estudiaban nuestras soledades: la melodía que tarareamos; o el susto que nos sacó el perro aquel; o el "adiós preciosa" que le dijimos a aquella chica cuando pasó frente a nosotros (y todo fue escrutado por los guardianes de los altos ventanales). Allá arriba hay un mundo y uno imagina que sólo hay tendederos de ropa y ventanas polvorientas, pero no; hay una comunidad que observa con atención la vida de acá abajo - es más fácil para ellos mirar hacia nosotros que nosotros mirar hacia ellos, es ley de la menor reacción: usamos más músculos para levantar la cabeza que para agacharla. Aunque puedas parecer paranoico, es recomendable que voltees de vez en cuando hacia los balcones y las azoteas. Que no sea la sombra del piano la que te de el aviso.

viernes, 10 de noviembre de 2006

Despertar extraño II

Los loitgores se alimentan principalmente de la energía vital que extraen de la mente humana, y aunque existan tratados que las describen detalladamente, son criaturas de naturaleza desconocida. Los brujos o magos, aseguran poder invocar al loitgor y obtener beneficios especiales de la terrible entidad, pero al igual que el común de los mortales casi siempren terminan con el cerebro enlatado y enviado a otra dimensión: convertidos en zombis.

Yo, el Guardián de la Llave, practicante de la magia del Gran Libro de Acá, he sido encomendado para divulgar las precauciones necesarias que evitarán que un mayor número de personas se conviertan en el almuerzo del temible loitgor.

Primero, describiré los hábitos de cacería de las fantasmales criaturas y también, el método defensivo que deberás seguir: el loitgor se desplaza a gran velocidad, al ras del suelo, e intenta trepar por tu cuerpo, una vez que detecta tu presencia.

Si te alcanza por los pies, bastará con sacudírtelo o espantarlo, tal cual si se tratara de un mamífero pequeño, como un gato o un perro. Si se te enreda por la cintura, te será más difícil librarte: deberás usar el método de “la arena movediza”, el cual consta de sentarte y mover los pies como si fueras en una bicicleta, retrocediendo, hasta lograr zafarte de la pegajosa trampa.
Si te atrapara por la cabeza, no habrá forma de que te salves o te salven.

(Manuscrito perteneciente a un individuo que desapareció de manera misteriosa del Instituto de Salud Mental de A…)

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